Todos somos crueles


Todos somos crueles
El significado, según el diccionario, de la palabra cruel es: “Aquel que se deleita en hacer sufrir o se complace en los padecimientos ajenos.” Entonces, ¿no somos todos nosotros crueles de alguna manera? Algunos de nosotros lo somos más que los otros, pero la crueldad forma parte de nuestra personalidad.

Vamos a verlo desde otro punto de vista. ¿Quien no ha sentido alguna vez que amigos o familiares, incluso los más queridos, actúan de manera que nos hacen daño? A veces, nos damos cuenta enseguida y otras lo pasamos por alto. Pero ¿no es cierto que todos aquellos que se relacionan estrechamente con nosotros en algún momento de nuestra vida nos pueden hacer daño? Y ese daño no siempre es producido por un hecho. Pueden también ser palabras dichas con dureza. Se pueden malinterpretar nuestras motivaciones y darles un significado diferente. O puede ser que se nos acuse de algo de lo que no tenemos culpa. Todas estas acciones nos hacen daño. ¿No creemos en ese momento que si la otra parte hubiera sido más comprensiva, nos hubiéramos sentido mejor?
Crueldad en la familia
La crueldad puede afectar incluso a las madres más cariñosas. Cuando una madre está cansada y estresada, puede ser capaz de dejar a su niño llorar por la leche por algún tiempo, haciendo caso omiso de los llantos de cualquier niño con hambre. El niño no entiende los problemas de su madre, sólo quiere ser alimentado. No es culpa del niño, pero él está herido. ¿Por qué? Los maridos tratan de ayudar a sus esposas en las tareas domésticas, y las esposas que conocen todo acerca de los problemas profesionales de sus maridos todavía les culpan por los pequeños errores que puedan cometer en su ayuda en la casa. ¿No es todo esto parte de una naturaleza cruel?

Más ejemplos de crueldad
Los fabricantes no responden de inmediato a los problemas que les plantean los consumidores, y estos la emprenden duramente con las empresas productoras de bienes y servicios por pequeñas fallas, y en muchas ocasiones se producen demandas que se presentan por motivos fútiles. Los estudiantes sudan tinta en las escuelas para obtener calificaciones más altas a costa de no disfrutar adecuadamente su infancia. Los políticos se acusan mutuamente de delitos nunca cometidos. Y así se podrían citar muchos otros ejemplos para demostrar que en algún lugar de nuestras vidas, comenzamos a perder nuestra compasión. Lamentablemente, en la mayoría de los casos, no somos conscientes de nuestra crueldad. Sólo nos damos cuenta cuando somos nosotros las víctimas. ¿No está nuestro planeta lentamente convirtiéndose en un mundo cruel?

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